CYEAC

Centro Yucateco de Escritores A.C.
Subscribe

REVISTA

Ediciones Electrónicas
Navegaciones Zur No. 20 (fragmentos)
Navegaciones Zur No. 30
Navegaciones Zur No. 41
Navegaciones Zur No. 46
postal

Perfil del lector
Nuestra línea editorial tiende a la difusión preferente de la obra de los creadores locales y de la región, preferentemente los nuevos autores; y orienta las publicaciones buscando al lector común pero que se interesa específicamente en la literatura, por tanto se enfoca también a estudiantes, investigadores, académicos y otros escritores.

Directorio
Fundada sobre las aguas movedizas del idioma en las postrimerías del siglo XX, esta balsa elemental es marginal, periférica y un poco atípica, pues Navegaciones Zur funciona sin Consejo Editorial, ni Director, o un editor único, y carece de nombres ilustres. Su superviviencia es responsabilidad colectiva y queda a cargo de una Comisión Editorial, que de tanto en tanto se renueva, integrada por miembros del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Sólo por razones de utilidad se ha designado a un Representante permanente de la Comisión Editorial, actualmente integrada por Melba Alfaro, Roberto Azcorra, Adán Echeverría, Patricia Garma, Jorge Lara, Cristina Leirana, Carlos Martín y Roger Metri.

Características editoriales
Como todas las revistas culturales mexicanas independientes, la nuestra ha conocido días heroicos , ilusos y constestatarios, durante los cuales hubo que sacrificar la parranda para conseguir textos y pegar manualmente las imágenes en ese engendro o pagar en efectivo o afectivo el adelanto al impresor.

Así, marginal y autogestiva, un poco atípicamente, sin lustre en su Consejo Editorial ni Director, nuestra balsa elemental Navegaciones Zur insurgiría en la microhistoria yucateca como respuesta de la sociedad civil organizada para garantizar la sobrevivencia y permanencia de los espacios de libre expresión de las artes y discusión abierta de las ideas sin tufo partidista, censura, ni conveniencia económica.

Revista de Literatura y Arte, pero también de artisticidad en el formato cambiante a cada número, y donde la noción de colectividad y el consenso en el trabajo para su resolución le dieron signo e identidad, su primer número. –octubre 2 de 1993– vio luz bajo la advocación de una bolsita de papel, como la que dan en la tienda de la esquina, pero con víveres para el ánimo ( por cierto, el tema de ese número desafiaba un fundamentalismo moralista que intentó oscurantizar a la Blanca Mérida). Luego quiso tomar la forma de una suerte de códice que se resolvió más bien en la apariencia de un tamal; la manejabilidad populista de la hoja suelta de periódico en acordeón fue el siguiente; llegaría después el utilitarismo de un cartel y la practicidad en un folder, un tríptico, después lo que hoy se llama publicación artesanal; el juego con serigrafía habría de seguirle en 3 números, y más tarde, variantes de folletería, hasta adaptarse a la convencionalidad del formato del offset y empeñarse luego en las 48 páginas.

Entonces tuvimos que aprender tareas de impresor y rudimentos de diseño editorial. Apenas hay que decir que aun cuando cambiaran los formatos se preservó el espíritu de trabajo colectivo y no obstante la impresión de maquila mantuvimos la metodología grupal y de consenso.

Por estos años, a través de la revista el escritor y el artista visual han compartido con sus contemporáneos y con las más nuevas vocaciones literarias las experiencias pero también los libros resultantes de su proceso creativo, y contagiado su azarosa búsqueda de la perfección mediante la discusión libre de las ideas en nuestras páginas. En distintos momentos se atendió la difusión de la dramaturgia local, la nueva literatura de la etnia maya, la poesía de los más jóvenes, la práctica del ensayismo y la traducción, la crítica de nuestra realidad artística, el erotismo como energía, la escritura de género, la leyenda urbana, el sentido de la tradición, homenajes a los precursores Siglo XIX, la creación libre, etcétera.

Crónica de travesías
Cristina Leirana Alcocer

Estamos reunidos para celebrar la aparición del número 50 de la revista Navegaciones Zur. Y aún hoy, después de 13 años y medio, no falta quien escriba nuestro nombre con S.

El nombre Navegaciones alude a que literatura y viaje son sinónimos, ambas voces entrañan apuesta, riesgo, promesa y esperanza; Zur, su gentilicio proveniente de la tradición mesopotámica, define la ruta o destino electo: “lluvia purificadora”.

Navegaciones Zur ha sido la posibilidad concreta de difusión de los trabajos de un grupo de escritores que ha sido negado por las elites de nuestro estado; es esto lo que tenemos en común los miembros del Centro Yucateco de Escritores, por lo demás, somos partidarios de la variedad de estilos, la diversidad de formas y la pluralidad de contenidos con que está siendo cultivada la palabra, pues estos son los relieves que aporta la generación de escritores nuevos y novísimos que desde hace 17 años han venido a enriquecer la literatura con sus delirios más audaces. Hay que leer a esos autores, conocer sus obras, apoyar o disentir sus ideas, reclamar nuestra representación e identificación en sus textos; aun si parecen lejanos o frágiles. Nuestras voces han perdurado porque hemos aprendido a pensarlas en plural; porque un ideal más alto se impuso al ego individualista de cada escritor.

Navegaciones Zur apareció por primera vez el 2 de octubre de 1993, pues, como se puede en la cronología, escogemos fechas relevantes a nuestra memoria, para destacar los diacríticos que nos hacen diferentes a las otras sociedades del mundo. Nuestra periodicidad fue mensual en nuestras primeras 7 apariciones (es decir, hasta abril de 1994); se hizo cuatrimestral en el número 8 (mayo-agosto de 1994). Los números 9 y 10 fueron trimestrales, y el 10 Recordando a Cortázar apareció en febrero de 1995. Este número es particularmente significativo porque fue el producto de varios medios de comunicación: el programa Letras al desnudo organizó un homenaje al escritor argentino, que incluyó dos programas de radio dedicados a él; la lectura dramatizada de “Casa tomada”, y el ciclo de conferencias “Julio Cortázar, enormísimo cronopio”.

En noviembre y en diciembre de 1995 aparecimos otra vez. Para 1996 fuimos semestrales: el número 13, Homenaje a Juan Rulfo apareció en junio y el 14, Homenaje a Juan García Ponce, en diciembre.

Como pueden darse cuenta, la preocupación por la memoria, como bastión de la identidad, siempre ha estado presente en Navegaciones Zur, por ello la necesidad de recordar a los escritores que han influido en la conformación de las letras latinoamericanas.

En 1997 Navegaciones Zur recibió por primera vez el reconocimiento “Edmundo Valadés” para la publicación de revistas independientes; en mayo de ese año salió el número 15; a partir de él la periodicidad fue bimestral. En 1998 nos fue ratificado el apoyo. De ese año recuerdo con especial cariño al número 20, dedicado a La nueva literatura en lengua maya, correspondiente a marzo de 1998.

Nuestra bimestralidad duró hasta el 21 de marzo de 1999; en julio de ese año apareció nuestro primer número doble. En 1999, aunque la carencia de recursos alteró de nueva cuenta la periodicidad, Navegaciones Zur ganó el Premio Estatal de Literatura “Ricardo Mimenza Castillo” para obras publicadas.

Las tribulaciones y avatares económicos no nos pudieron borrar: en el año 2000 aparecimos en una ocasión con el número 29, nuestro Primer anclaje del milenio. Del cual recuerdo que viene un poema de Briceida Cuevas Cob, un cuento de Roger Metri, uno de Carlos Martín, y escribieron también Jorge Lara, Elina Romero, Oscar Sauri, entre otros muchos.

En 2001 no arribamos a puerto seguro; en 2002 fuimos semestrales (en julio salió el número 30 y en diciembre el 31) el apoyo“Edmundo Valadés” para la publicación de revistas independientes recibido ese año nos dio combustible para 2003, año durante el cual apareció Navegaciones Zur 4 veces. Como demostramos que sabemos cumplir nuestros compromisos, en 2004 obtuvimos una vez más el apoyo para revistas independientes, mismo que nos fue ratificado en 2005. Es con el número 49 que agotamos los recursos del más reciente apoyo recibido.

Si observan con atención las portadas de estos 49 números podrán darse idea de lo que ha sido incluido en las páginas de la revista del Centro Yucateco de Escritores: traducciones de los autores que han marcado la obra de los colaboradores; estudios sobre sus obras favoritas; literatura para niños; literatura en lengua maya; literatura erótica; literatura de mujeres. Tradición y modernidad se fusionan en nuestras páginas, a ratos en voces de distintos autores, a veces en boca de los mismos, que retoman de lo popular y lo ancestral elementos que insertan a textos que incorporan también la influencia de las altas tecnologías; nosotros, en el mundo, una diglosia, insisto, que le puso un alto a los porteros de la literatura, y se metió con paso firme al reino de las letras, con su voz multiplicada por cada una de las tradiciones que se han avecindado en estos rumbos, por su voz incluyente, pues el espacio está abierto a quien quiera viajar, esta es una invitación a unirse a nuestra travesía. A quienes nos niegan y admiran el trabajo inexistente, por toda respuesta oponemos estas primeras 50 estaciones: nosotros no negamos la historia, sólo la revista literaria Yikal Maya Than (16 años) ha tenido una vida más larga de la que nosotros tenemos hasta ahora. Estamos por cumplir los 14, tenemos el mismo entusiasmo de la primera vez: con el mismo amor que una vez llenamos una bolsa de pan con poemas, dibujos eróticos, juegos de origami y llamados a cuidar el medio natural, hoy celebramos los próximos 50 números, donde nosotros físicamente, y después otros, más jóvenes continuarán la tradición de rebelarse al canon eurocéntrico, y a los académicos que a falta de cariño por lo que hacen desprecian al humilde escultor de la palabra.

Navegaciones ZUR, a los cincuenta
Carlos Martín Briceño
*texto presentado en el Palacio de Bellas Artes, México DF.

No voy a repetir el trabajo que cuesta llegar al número cincuenta. Sería ocioso de mi parte utilizar este espacio para hacer un recuento de las desventuras que se abatieron tantas veces sobre nosotros desde que decidimos embarcarnos en este viaje, hace ya catorce años.

Lo importante es que aquí estamos: trasnochados, adaptándonos al smog, a la altura y al nervio de una ciudad fascinante que se entrega con recelo a quien la visita, y al mismo tiempo complacidos, satisfechos, olorosos, acordes al calibre de este edificio porfiriano, dichosos de compartir con ustedes medio centenar de ediciones. Cincuenta números de una revista que ha sabido burlar la estadística y que pertenece a la estirpe de las sobrevivientes, pues en un país donde nacen y mueren constantemente publicaciones literarias, pocas alcanzan más allá de diez números.

La revista surge en 1993, cuando los integrantes del Centro Yucateco de Escritores, asociación civil constituida en 1990, decidimos que había que inaugurar un espacio propio para divulgar a las nuevas generaciones, conforme a la diversidad de formas y pluralidad de contenidos que los tiempos demandaban. Navegaciones Zur, el nombre que elegimos para bautizarla, proviene de una deliberada trasgresión ortográfica para aludir la navegación contracorriente. Había que leer a los nuevos autores, conocer su trabajo, apoyar y discutir sus ideas. No era justo que permanecieran en silencio por la cerrazón de estirpes caducas que, en aras de mantener una hegemonía literaria imaginaria, monopolizaban los espacios de publicación existentes.

Catorce años después, cinco becas Edmundo Valadés de por medio, y contado en nuestro catálogo a ciento cincuenta cuatro autores que han creído en nuestras andanzas, la nave va sin haber perdido su vocación original: la de regenerar la cultura mexicana a partir de la difusión de la literatura creada por autores nacidos en la península, sin negar la inclusión de creadores del resto del país.

En este número celebratorio, reafirmando nuestros conceptos primigenios, hemos incluido en sus ochenta páginas, textos de plumas respetadas conviviendo con los atrevimientos de autores noveles.

Cuento, poesía, ensayo, crónica, reseña literaria y dramaturgia ofrece el Centro Yucateco de Escritores en su quincuagésimo ejemplar cuya portada conceptual, un madero en plena travesía por las aguas del golfo, fue ilustrada por Humberto Suaste.

A contracorriente la publicación se ha mantenido, en parte, gracias al apoyo económico de algunas instancias culturales de los tres niveles de gobierno y a la colaboración desinteresada de autores renombrados entre los que destacan Beatriz Espejo, Elsa Cross, Agustín Monsreal, Coral Bracho, Rafael Ramírez Heredia, Sara Poot Herrera, Oscar Wong, Raúl Rodríguez Cetina, Juan García Ponce, Benjamín Valdivia y José Saramago.

Los textos del número 50 que hemos venido a presentarles, se pueden agrupar en cinco grandes bloques. Narrativa temática, que reúne trabajos relacionados con la historia de la revista, sería el primero. Reyna Echeverría, José Juan Cervera, Mario Barghomz, Armando Pacheco, Adán Echeverría y Roberto Azcorra no dejan títere con cabeza y se encargan de contarnos, cada uno a su modo, la historia de su paso por estas páginas. El segundo bloque, sería el de los cuentos, para quien lo dude, un género que goza en México de cabal salud. Y la prueba la tenemos aquí en las voces de Beatriz Espejo, Claudia Sosa, Adolfo Fernández Gárate, Cristina Leirana, Adán Echeverría y Ana Rosa Tapia González, todos narradores experimentados que cuentan en su haber premios, reconocimientos y numerosa bibliografía.

La poesía, ese género que es relegado de los libros, es bien aceptado en nuestra revista y conforma el apartado número tres. Benjamín Valdivia, Oscar Sauri, Enzia Verduchi, Adriana Díaz Enciso, Roger Metri, Patricia Garma, Coral Bracho, Gustavo Ruiz Pascasio, Luis Ortega, Elsa Cross, Saulo de Rode, Isolda Dosamantes, Angélica Santa Olaya y Jorge Lara aparecen compartiendo espacios con las nuevas propuestas de Patricia Garfias, Ruby Carbonero, Sergio Loo, Nelson Ibarra, Iván Vergara, Patricia Velasco, Julián Herbert y Balam Rodrigo.

Ensayo, crítica y traducción conformarían el cuarto bloque. Rosa Beltrán, Melba Alfaro, Ibet Cázares y Lourdes Rangel –ésta última con una versión propia sobre un trabajo de Montaigne–, nos dejan conocer, a través de su genio, una arista de su cosmogonía. Por su parte Agustín Monsreal, Patricia Garma y Cristina Leirana se ocupan de comentar tres libros de narrativa de publicación reciente.

Finalmente, crónica y dramaturgia, dos géneros que pocas veces son incluidos en el revistero cultural del país, tienen cabida en ésta, a través de la pluma de Ivy May.

La voluntad de continuar existe. Los editores nos hemos fijado la meta de mejorar la distribución de la revista, enriquecer el formato y trabajar en el diseño. Sabemos lo difícil que es mantener la continuidad de un proyecto cultural en un país de escasos lectores o lectores poco exigentes y que a diario son acosados por el marketing de las grandes corporaciones para interesarse cada vez más en la vida privada del jet set y el oropel del showbussines.

La mejor prueba de que nos sostendremos fieles al espíritu genuino que prohijó esta revista es que el número 51, dedicado a la poesía de los más jóvenes, está próximo a salir.

Hay quien dice que Navegaciones Zur es ya un referente en la literatura contemporánea del sureste mexicano. A nosotros lo que nos importa es conservarla.